
Hoy en día la gente suele hablar de cambio. Cambiamos de año, de década, de metas y procuramos hacer un cambio también en nuestras vidas. Sin embargo, me doy cuenta que este “deseo de cambio” muchas veces queda en un impulso que se agota en el transcurso de los días siguientes y continuamos en lo que W. Shakespeare llamaría la mediocridad de la rutina.
Lo cierto es que se nos hace difícil cambiar a causa de los paradigmas. Paradigma significa modelo, pauta o prototipo. Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna, define al paradigma como un conjunto compartido de suposiciones. Es la manera como percibimos el mundo: Agua para el pez. El paradigma nos explica el mundo y nos ayuda a predecir su comportamiento.
Paradigma es lo que piensas sobre algo antes de pensarlo. Hay grandes maestros del ajedrez que pueden acumular mentalmente hasta 50,000 patrones de jugadas y usar cualesquiera de ellas para ganar un juego en particular (lo que funcionó funcionará). Pero si se modifica el tablero o cambian las reglas de juego, los patrones ya no son útiles. Hasta aquí ya tenemos el punto de partida. Vamos con un relato:
Son muchas las ocasiones en las que he visitado clientes que no reunían el “perfil adecuado” para el producto que ofrecía. Recuerdo una vez haber llegado hasta la periferia de la ciudad a visitar a un prospecto referido por un cliente. El vecindario era poco amistoso y la pobre fachada de la casa infería una equivocación. Pero era la dirección correcta. Ya estaba ahí, sólo debía tocar el timbre. Pensé en darme media vuelta, pero hice la presentación del producto a una joven pareja de padres aparentemente desposeída.
Tenía en mi portafolio un plan universitario muy económico y pude empezar por ahí pero decidí hacer una presentación acorde con las expectativas que tenían para su pequeña hija, sin tener en cuenta su aparente dificultad financiera. Grande fue mi sorpresa cuando ambos decidieron adquirir el mejor plan, el más completo, el que dejaba mejor comisión por cierto. Hice un esfuerzo por no parecer sorprendido ante el inesperado cierre. Hasta ese momento tenía la idea que sólo las personas pudientes obtenían productos de calidad o sofisticados.
Los paradigmas nos impiden ver las cosas como realmente son. No se extinguen, sólo se reemplazan por otros. No son malos, pues nos ayudan a desenvolvernos en la vida. Sin embargo, debemos ser conscientes de ellos, tener la mente abierta y poder cambiarlos cuando sea necesario.
Galileo Galilei tuvo la osadía de difundir su teoría de que la Tierra giraba alrededor del Sol que era contrario a una vieja creencia y tuvo que purgar varios años de prisión por ello. Para cambiar un paradigma es necesario modificar nuestros valores, creencias y conocimientos a través de la educación, prácticas y nuevas experiencias. Si nos resistimos a cambiar podemos echar a perder excelentes oportunidades.
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