domingo, 17 de octubre de 2010

Todos somos vendedores.


Trabajo en el área comercial desde hace casi diez años cuando debía vender utensilios de cocina y más tarde, purificadores de agua para sortear los costos de la universidad. En todo ese tiempo creo haber llegado a la misma conclusión que Jeffrey Gitomer: A las personas no les gusta que les vendan, pero sí les encanta comprar.

Asimilar esta afirmación me tomó mucho tiempo, más del que hubiese deseado. En ese lapso pensé en claudicar muchas veces hasta que reflexioné en lo siguiente:

• Todo, absolutamente todo lo que veo a mi alrededor se originó en una venta (salvo elementos de la naturaleza, claro está). El cachorro que sale a pasear fue comprado en una tienda, el parque de la siguiente cuadra fue licitado públicamente y el ordenador en el que lees esta nota tiene su factura (seguramente).

• El agente comercial es el único puesto que me da la posibilidad de generar ingresos más altos que el mismo presidente de la compañía sin tener que escalar todo el organigrama.

• La actividad comercial desarrolla el hábito más preciado: la habilidad de saber tratar con las personas.

• Siguiendo el consejo de Robert Kiyosaki, autor de numerosos textos entre ellos “Padre Rico Padre Pobre”, ser vendedor es estar mejor entrenado para desarrollar empresas.

• El activo más importante en este negocio es el estado de ánimo. Los más exitosos en este rubro son personas que irradian entusiasmo y felicidad. ¿Quién le compraría a un pesimista o a un malhumorado? Trabajar en este rubro me proporciona un estado de satisfacción permanente.

Debo confesar que estudié una carrera tradicional, una de esas con las que los padres piensan que se tendrá una vida laboral asegurada. Las ventas fueron al inicio un medio para concluir los estudios, no me imaginé descubrir en ello mi pasión. Fue difícil asimilar al principio el hecho de que era un profesional trabajando en ventas, con todo el estigma que ese término conlleva.

¡Pero hey! Le aseguro que no puede mencionar una sola empresa que no se dedique a vender algo. Los mejores profesionales no hacen otra cosa sino vender sus servicios especializados. Los colaboradores internos de una organización son denominados clientes internos y los proveedores clientes intermedios. Todos vendemos, incluso, nuestra imagen personal, nuestras ideas y propuestas. La empresa somos nosotros.

Para reflexionar. Somos el resultado de lo que hacemos y pensamos. Si es usted un vendedor determínese objetivos claros. No importa dónde se encuentre hoy, lo importante es dónde quiere llegar. Zig Ziglar decía que la felicidad consiste en llevar felicidad a la mayor cantidad de personas. Hagamos eso mismo, llevemos felicidad a la mayor cantidad de prospectos, ellos nos retornarán esa satisfacción convirtiéndose en nuestros mejores clientes.

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