
Si recibiera $ 1.00 cada vez que escucho esta frase de la boca de un cliente ya me hubiera jubilado (y sólo tengo 29 años). Yo diría que es una de las expresiones más difundidas en el ámbito de las ventas tangibles e intangibles, casi tan utilizada como el famoso “estoy mirando” del sector retail. No se trata de una verdadera objeción, sino de un elemento disuasivo de compra, una excusa que contiene a su vez una objeción oculta.
Ten en cuenta que llegado el momento de la objeción (o la excusa) lo que verdaderamente determina la venta no es la técnica que utilices sino la actitud con la que reacciones ante la respuesta del prospecto. La gran mayoría de agentes comerciales piensa que cuando un cliente dice “Déjame pensarlo” en realidad les está diciendo “No” o lo que es peor, piensan que en realidad quieren pensarlo.
El 50% de los prospectos que mencionan la citada frasesita en realidad no pueden decidir por sí solos, o no lo necesitan ahora, no confían en ti, o en tu compañía, no tienen dinero o lo más seguro es que con todo lo que ya le has explicado no se sienten convencidos aún. El otro 50% comprará si utilizas las frases adecuadas que lo lleven a cerrar la operación; pero primero debes saltar esta primera valla y averiguar cuál es su verdadera objeción.
Cliente: “Uhmm… déjeme pensarlo”
Tú: Excelente! Pensarlo significa que se encuentra interesado, ¿correcto?
Cliente: Así es.
Tú: Sólo quería asegurarme que no lo dijera por salir del paso (algunas risas)
Cliente: No, cómo crees.
Tú: Esta es una decisión importante. ¿Hay alguien más con quien deba consultar la compra de este producto?
Cliente: No. Yo soy quien toma esa decisión (eso quiere decir que cerrarás hoy)
Tú: Perfecto. Es muy válido que Ud tenga dudas. He sido muy capacitado en todo lo que respecta a este producto. Si tiene alguna pregunta, la resolveremos juntos ahora. ¿Le parece bien? (en ese momento saldrán a la luz las verdaderas objeciones).
Coincido con Rodolfo Ganim cuando señala que la gente no rehúye a los vendedores en general sino solamente a los malos, se corre de los improvisados. Distinto es cuando el agente comercial toma el problema del cliente como suyo, tiene la capacidad de establecer una relación al haber demostrado un real interés por sus necesidades. Cuando se establece esa conexión (empatía) es donde aparece en escena la confianza, elemento necesario para el cierre de la venta.
